Señor yo te conozco

Letra (1841)José Zorrilla
MúsicaELLACOMBE (autor desconocido)
Himnario
Adventista
# Título
¡Señor, yo te conozco!

Señor yo te conozco es uno de los himnos más hermosos compuestos en español. Es obra del poeta José Zorrilla y tiene un contexto a lo menos interesante.

Zorrilla Nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817. Estudió con Jesuítas en el Seminario de Nobles, y allí a los doce años empezó a escribir sus primeros versos. Animado por sus tutores prosiguió con el cultivo de su talento. Sin embargo no se dio a conocer sino hasta 1837, cuando en el sepelio del poeta Mariano José de Larra quien se suicidó a los 27 años de edad, Zorrilla leyó unos versos escritos para la ocasión, lo cual lo llevó de forma rápida a la fama nacional. Su obra más conocida es la de Don Juan Tenorio. También destacan sus leyendas, entre las cuales se encuentra el libro que nos interesa para este relato.

Se conoce como Cantos del Trovador, donde se encuentra la LEYENDA SESTA subtitulada LAS PILDORAS DE SALOMON

Allí cuenta la historia de un juez de Medellín, de la “Estremadura” quien viéndose ya anciano sufría por no vivir lo suficiente para disfrutar de la vida. Acudió a un médico quien era su amigo. Éste le vendía productos para la vejez, pero en realidad lo estafaba y se quedaba con su dinero a cambio de cosas que de nada le servirían. En una noche de marzo en medio de fuertes ventarrones apareció una persona. Al preguntarle por su nombre y origen no obtuvo respuesta, pero el juez pensó que tal vez era alguien a quien estaba buscando la justicia por lo que ordenó que lo encerrasen en el calabozo hasta el día siguiente para verificar su identidad.

Revisando las pertenencias de este inquietante hombre encontró un libro de memorias muy antiguo, en varios idiomas y de distintos materiales, donde contaba las historias de personajes históricos, había un retrato de Cristo, una muestra del material que usó el Rey David para escribir el Salmo 50 en una gruta, dadas por su mismo hijo (Salomón). Tenía tres fragmentos en español: el primero un lamento por tener que vagar por el mundo sin un compañero, el segundo de una mujer desdichada, y el tercero, el más largo de los tres poemas, de veintiséis estrofas.

Este poema empieza hablando de unas nubes que rápidamente se mueven por el mundo, y se pregunta en las primeras diez estrofas quién es el ser que está velado en medio de ellas. Luego se pregunta retóricamente si en ellas está oculto el Creador de universo, si son las mismas nubes que estuvieron en el Monte Sinaí, las que hicieron arder a Sodoma, las que trajeron el Diluvio, y luego en la estrofa catorce declara:

¡Señor, Yo te conozco! La noche azul serena
Me dice desde lejos: “TU DIOS SE ESCONDE ALLI.”

De las catorce, dieciséis, diecisiete y dieciocho nace el himno “Señor Yo te Conozco”.

Tenemos pues, un poema de alguien que conoce a Dios, pero no lo puede ver pues para él está cubierto por nubes horribles y de tempestad. A lo largo del poema se refleja a Dios en su potencia, en su ira y en su destrucción, un Dios temido, y a la vez adorado en el silencio de aquel que no es capaz de alzar la voz en su presencia.

El Juez lee un último fragmento del diario de aquel hombre misterioso:

Muchos siglos viví , mas no envejezco,
Cada noche ¡ay de mi ! que oscura cierra
Imagino que es mi última en la tierra,
Mas con el nuevo sol siempre amanezco.

Esto finalmente le hace perder los estribos por lo que manda traer al hombre misterioso y luego de mucho insistir éste le revela que es el Judío Errante, dice tener por lo menos «vente y dos siglos» de edad y ser de Jerusalén. Aquí le cuenta que era amigo del Rey Salomón. La extraña leyenda hace recurso de las leyendas de que el Rey Salomón llegó a practicar la magia (incluso hay libros de este arte oscuro que le son atribuidos), y quien antes de fallecer le dio una receta al errante del relato, como muestra de amistad. El errante hizo unas píldoras las cuales, al tomar dos cada cien años, le daban la eterna juventud. Es así como el hombre se vuelve despiadado, y siglos despues, al pasar Jesús frente a su casa mientras era llevado a la crucifixión, le suplicó que le diera un poco de agua a lo que el hombre contestó:

Marcha (le dije inhumano
y con ademan feroz)
Ve sin descansar al sitio
que la ley te señaló.

Y así Jesús lo condena a vagar por el mundo hasta su regreso.

Si se están preguntando por el resto de esta extraña historia, el hombre desaparece en medio del viento pero antes le deja dos píldoras al juez. El juez por miedo a que sean un engaño no las toma, y se las da a su amigo el médico sin que éste lo sepa. El médico agoniza, y el juez lo da por muerto. Sin embargo al día siguiente el médico va a visitarlo, rejuvenecido y lleno de vida. El médico enloquece de ira al verlo y lo persigue pero cae de una azotea y fallece maldiciendo la ciencia de Salomón.

El relato anterior fue publicado desde la página 203 a la página 250 del libro Cantos del Trovador Tomo 3.

Es así como este himno, forma parte de un relato que incluye magia, leyendas antiguas, maldiciones divinas y avaricia.

Se desconoce el autor de la melodía usada para este himno, conocida como ELLACOMBE, el nombre de un pueblo en Devonshire, Inglaterra. Fue publicada en un himnario para el Duque de Würtemberg en 1784.

Letra del himno Señor yo te conozco

El poema completo aparece entre las páginas 224 y 229 del libro anteriormente mencionado.

¡Señor, yo te conozco!
La noche azul, serena, me dice desde lejos:
“Tu Dios se esconde allí”.
Pero la noche oscura, la de nublados llena,
me dice más pujante: “Tu Dios se acerca a ti”.


Te acercas, sí; conozco las orlas de tu manto
en esa ardiente nube con que ceñido estás;
el resplandor conozco de tu semblante santo
cuando al cruzar el éter, relampagueando vas.


Conozco de tus pasos las invisibles huellas
del repentino trueno en el crujiente son;
las chispas de tu carro conozco en las centellas,
tu aliento en el rugido del rápido aquilón.


¿Quién ante ti parece?
¿Quién es en tu presencia más que una arista seca
que el aire va a romper?
Tus ojos son el día; tu soplo es la existencia;
tu alfombra el firmamento; la eternidad tu ser.


¡Señor!, yo te conozco; mi corazón te adora;
mi espíritu de hinojos ante tus pies está;
pero mi lengua calla,
porque mi mente ignora los cánticos que llegan
al grande y buen Jehová.

Partitura para coro del himno Señor yo te conozco para coro

 Esta partitura también sirve para cuartetos mixtos, e instrumentos de cuerda y de viento.

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